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Re-actualizarnos para vivir una vida de satisfacción

Por Corina Valdano

· autorrealización,autoconocimiento,Psicología,transpersonal,evolución

Tenemos un nombre propio que nos acompaña toda la vida, un documento de identidad y una huella digital que define de una vez y para siempre quienes somos. Aprendemos con el tiempo a diferenciarnos de los demás y comenzamos a vernos a nosotros mismos como un “yo” sólido y acabado. Nos vamos poniendo rótulos y etiquetas que van restringiendo “quienes somos” a un conjunto limitado de rasgos de comportamientos, gustos y preferencias. Nos acostumbramos a decir de nosotros mismos afirmaciones tales como:

“Soy impulsiva”, “Soy postergador”, “No soy emprendedor”, “No soy bueno para…”, “Lo mío no es…”, “Definitivamente lo mío no es”, “Yo siempre…”, “Yo nunca…”.

Esta lista puede ser más o menos extensa de acuerdo a las definiciones que tengamos de nosotros mismos o las etiquetas que los demás nos hayan puesto en base a nuestros comportamientos y experiencias.

Ahora bien, ¿acaso seguimos siendo las mismas personas de siempre durante toda la vida? ¿seguimos sintiendo lo mismo? ¿queriendo las mismas cosas? ¿sosteniendo los mismos pensamientos, las mismas ideas y las mismas creencias?

Los demás nos ven de la misma forma y nosotros nos seguimos mostrando de la misma manera una y otra vez si no somos capaces de ejercer el acto más dignificante hacia nosotros mismos: re-actualizarnos. Así como el agua de un río no pasa dos veces por el mismo caudal, así nosotros no somos los mismos de ayer, de la semana pasada, del año anterior… Sin embargo, no nos damos cuenta porque en un acto de inconsciencia y de injusticia personal damos por sentado que seguimos siendo los mismos de siempre. Ignoramos que la vida no nos pasa en vano, que nos va transformando, que crecemos con cada experiencia que vamos transitando. Seguimos recitando los mismos versos de siempre… “Soy así, no soy asa” y nos perdemos la oportunidad de abrirnos a nuevas posibilidades por decretar “esto no es para mí”.

Quienes en un acto de valentía se animan a hacerse las mismas preguntas en distintos momentos de la vida, encontraran que muchas cosas que antes sí, ahora no y muchas cosas que antes no, ahora sí. Y esto incluye desde lo más nimio e intrascendente en nuestra vida hasta lo más significativo que puede hacer que demos un vuelco en nuestra vida: una mudanza, una separación, ejercer una vocación, animarse a emprender un proyecto personal, a cumplir un sueño, a iniciar una nueva relación, a cambiar de estilo de vida, a decir “basta” a lo que no harta.

Cuando nos re-actualizamos nos ponemos en coherencia con quienes estamos siendo ahora mismo. Resalto esa expresión, porque somos verbo no sustantivo. Estamos en continuo movimiento, en un proceso de evolución permanente del que a veces no somos del todo conscientes. Frecuentemente es la vida o una experiencia nueva la que nos anoticia que ya no somos igual, que lo de antes ya no está, que atrás quedaron algunos miedos y condicionamientos, que hay partes nuestras hasta ahora desconocidas que emergieron ante una nueva situación. De repente entonces, reconocemos recursos con los que antes no contábamos o que no sabíamos que existían en nuestro interior.

Hace dos años me fui de mi país con mi marido y mi hijo de cuatro años en aquel entonces a recorrer el mundo como nómade digital. Diciendo de mí y sintiéndome a mí misma la mujer más estructurada, hogareña y que jamás dormiría fuera de su casa… ahora me encuentro moviéndome de aquí para allá, adaptándome todo el tiempo a lugares nuevos, a culturas desafiantes, lidiando con lo desconocido, con el factor sorpresa, adaptándome y flexibilizando como nunca en mi vida me hubiese imaginado. ¿Acaso esta que estoy siendo soy yo? ¡Claro que sí y muchas más! Porque dentro de cada uno de nosotros conviven una multiplicidad de yoes dispuestos a entrar a escena cada vez que nos damos permiso para ampliar y enriquecer nuestra personalidad con nuevas experiencias, desafíos y retos que nos ponen en situación de buscar dentro nuestro lo distinto a lo mismo de siempre. En mi experiencia, esta aventura viajera tan desafiante me obligo a re-actualizarme porque la idea que tenía de mí había quedado ya obsoleta, no representaba quien estaba siendo en la actualidad.

Por eso es tan importante movernos de los lugares en lo que estamos, corrernos de los lugares de siempre, animarnos a iniciar, a abrir nuevas puertas, a sacudirnos el polvo de las viejas creencias, a cuestionarnos nuestros pensamientos y darnos la posibilidad de tener nuevos sabores de nosotros mismos. Y no hace falta dar la vuelta al mundo para darnos cuenta que ya no somos los mismos de antes. Los desplazamientos físicos son los más fáciles, el verdadero desafío es movernos de los lugares psicológicos en lo que solemos quedarnos anclados durante años.

¿Cómo re-actualizarnos?

Re-actualizarnos a nosotros mismos es un proceso activo que no acontece por sí mismo. Requiere del compromiso de trabajar sobre sí para intentar cada día ser una versión cada vez más original y no una copia indefinida de repeticiones del pasado que nos mantienen pensando igual, haciendo igual, sintiendo igual o peor aún involucionando. Bien vale la pena aclararlo, “re-actualizarnos” no siempre supone sentirnos orgullosos de nuestros avances, pues en este proceso de toma de consciencia podemos darnos cuenta de que en lugar de evolucionar y expandir nuestra consciencia nos replegamos y retrocedimos en nuestro despliegue personal. Re-actualizarnos es preguntarnos con absoluta honestidad ¿quiénes estamos siendo hoy?

Aquí, algunas sugerencias que pueden ser de utilidad al momento de cultivar esta valerosa práctica.

Prestarnos atención: abandonar la tendencia a funcionar en piloto automático y dedicarnos a observarnos a nosotros mismos en interacción con los demás, es una buena oportunidad para darnos cuenta: en qué estamos haciendo distinto, cómo nos posicionamos ante otros, qué comportamientos nos son más familiares, qué actitudes necesitamos renovar porque ya no nos sirven para evolucionar.

Algunas buenas preguntas que acompañan son: ¿Qué sensaciones nuevas sentimos en nuestro cuerpo? ¿Qué nos encontramos pensando en nuestros diálogos internos? ¿Hacia dónde orientamos nuestra atención? ¿Con qué resonamos? ¿Con qué o con quienes sentimos afinidad?

Auto-indagarnos: es destinar parte de nuestro tiempo a ir hacia dentro e interrogarnos acerca de los deseos, los sueños, las ilusiones e intereses que nos convocan en el presente, que pueden ser muy distintos a los que tiempo atrás nos entusiasmaban. Por ejemplo, yo descubrí que me hacía mucha ilusión viajar cuando me pregunte acerca de esa posibilidad. La auto-indagación nos permite también darnos cuenta si nuestro pensar, sentir y actuar están los suficientemente alineados como para sentir congruencia y paz interior. Si tenemos un espíritu aventurero y trabajamos todos los días de ocho a seis en una oficina durante toda la vida, seguramente no nos sentiremos a gusto con esa elección y experimentaremos cierto sentimiento de auto-traición por no animarnos a asumir ciertos riesgos.

Otro ejemplo podría ser tener un ideal de pareja que no se condice en nada con la relación que tenemos con nuestro marido o nuestra mujer. La auto-indagación supone hacer contacto con nuestras partes más auténticas y sus respuestas muchas veces nos incomodan porque cuestionan el statu quo. Por eso quienes hacen terapia para conocerse son personas lo suficientemente valientes como para escuchar sus verdades y hacer algo valioso con ellas. Una vida de satisfacción esta cimentada sobre la sinceridad, sobre la congruente alineación entre nuestra personalidad y nuestra esencia originaria. Las preguntas que no pueden faltar son: ¿Quién soy hoy? ¿En qué momento de mi vida estoy? ¿Qué camino quiero tomar?

Exponernos a nuevos estímulos: si estamos sometidos a las mismas rutinas de siempre, responderemos con lo que ya de sobra sabemos que nos funciona, con los comportamientos aprendidos y desde los condicionamientos de siempre. Conocer personas nuevas, animarnos a abrir puertas, comenzar algo nuevo, aprender cosas distintas convoca partes nuestras desconocidas, que emergen cuando pasamos a la acción. Si queremos descubrir quienes estamos siendo, es necesario ponernos en movimiento y asumir determinados retos.

Re-interpretar lo vivido: mirar el pasado con ojos renovados, nos permite sacar conclusiones distintas a las que hemos arribado quizás en el pasado. De esta forma, tomaremos consciencia de que hoy pensamos distinto, sentimos distinto y nuestras creencias rígidas se han ido flexibilizando. Podernos mirarnos a nosotros mismos y notar la distancia que hay entre quienes éramos y quienes elegimos ser hoy. Cuando vamos avanzando en la vida, redimensionamos lo vivido con más sabiduría y sentimos que hemos crecido. Observar con otros ojos lo mismo es indicio de que hemos evolucionado varios escalones en nuestro despliegue de consciencia.

Asimilar y reemplazar lo viejo por lo nuevo: cuando hemos tomado consciencia de que ya no somos los que éramos, un paso fundamental que marca un antes y un después en el enriquecimiento de la personalidad es “encarnar” en nuestras decisiones, actitudes y comportamientos, las nuevas conquistas y versiones de uno mismo adquiridas. Si pensamos y nos sentimos de otro modo pero seguimos comportándonos como siempre, el proceso de re-actualización está empezado pero no acabado. Solo lograremos tener un nuevo sabor personal cuando nos encontremos sintiéndonos orgullosos de nuestras nuevas y enriquecidas respuestas. Lo que cambia nuestra vida es la acción, con la intención no basta.

Cuando nos re-actualizamos, dejamos de darnos por sentado y nos vemos como potencial en continuo movimiento y aprendizaje. Desde esta perspectiva, la vida nos entusiasma mucho más porque, de otro modo, pensar que nacemos y morimos lidiando con lo mismo, tropezando con las mismas torpezas y flaquezas que ya nos avergüenzan, no solo nos desanima sino que además nos mantiene encadenados en mucho de lo que ya no deseamos para nuestra vida.

Re-actualizarnos es darnos la oportunidad de acercarnos cada vez más a quienes vinimos a ser y no nos animamos o no sabemos aún cómo sintonizar con la frecuencia más auténtica que iguala personalidad y esencia primigenia.

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