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Discernir para saber a dónde ir

Por Corina Valdano

· Discernimiento,psicología,transpersonal,superación,Consciencia

¿Han sentido hablar de la palabra Discernimiento? 

Esta palabra que no solemos utilizar demasiado en el vocabulario cotidiano, encierra una gran sabiduría en las tradiciones de oriente, sobre todo, cuando se trata de aplicarla a la vida psíquica y emocional.

En el mundo en el que habitamos, atosigados como estamos de mensajes contradictorios, disonantes y superficiales, contar con este recurso, llamado “La Capacidad de Discernir”, nos preserva de no caer en la esclavitud de dejarnos convencer por cosas que no merecen el más mínimo interes. Así mismo, nos cuida de nuestro propio auto-descuido, cuando sin quererlo nos mareamos en nuestros propios enriedos.

La mente humana, bien podría compararse con una selva en su estado más silvestre. En este inospido paisaje nuestro pensamientos crecen como lianas, nuestros creencias se hunden en sus raíces más profundas y los sentimientos y emociones divagan como pájaros y se nos escapan cada vez que intentamos serenarlos o apaciguar su vuelo.

En este contexto natural, el Discernimiento es un valioso recurso que nos permite poner orden en este entramado tumultuoso, para que no nos dejemos “tragar” por nuestro propio caos mental. Es una “cuchilla” siempre lista para quien quiera hacer uso de ella desde su plena conciencia. Quien se atreva a adentrarse en su bosque personal, gozará de la serenidad de tener la claridad mental que se necesita para saber “cómo uno está y se siente” en su presente actual.

No olvidemos que así en nuestra mente como en un bosque añoso, conviven viejos pensamientos con hondas raíces y tiernos brotes que aparecen y tienen la impronta de lo nuevo por florecer. Pensar en que en este bosque todo lo verde es lo mismo, hace que nos convenzamos de que somos los de siempre, que nos duele lo mismo, que queremos lo de antes, que el pasado es equivalente al presente. Así nos perdemos en las lianas de nuestra mente, en los viejos pensamientos que nos atrapan, en esas creencias que se mantienen sin ser cuestionadas.

Cuando este bosque crece sin que hagamos nada…perdemos total dominio mental. Quien decide no es nuestro Yo conciente sino los automatismos de nuestra limitada mente. Sin embargo, hay un “Yo Superior Interior” que desde la Plena Consciencia puede trascedender esta llanura para obserla y comenzar a “podar” lo que en nuestra vida “hoy” está demás: ese rencor que no nos deja avanzar, esa negatividad que nos tira par atrás, ese recuerdo intenso que se sigue haciendo presente, ese dolor que sigue sangrando porque nunca nos dispusimos a sanarlo. Así en el bosque, como en la mente necesitamos de un “cuidador” que mantenga la vigorosidad de la mente en un estado presente. Este cuidador es nuestro Yo Conciente que se situa por encíma de toda nuestra multiplicidad de voces internas y comienza a “distinguir” lo que verdaderamente queda y lo que está demás: lo viejo, lo roscoso y lo árido no hacen más que opacar la hermosura de una mente enfocada y lúcida. A esto hemos de sumarle, que nuestra productividad crece cuando estamos en “modo presente”, cuando dejamos de mirar “lo de siempre”.

El “Discernimiento” es esa cuchilla afilada con sagacidad que nos permite distinguir y separar nuestras creencias, nuestros pensamientos, nuestras emociones y sentimientos. El pasado toma su lugar cuando el presente se impone como la única posibilidad. Todos esto que podemos llamar “contenido mental” es el alimento de nuesta mente y el modo en cómo digerimos lo que sentimos da lugar a la vida anímica que nos anima o caso contrario, nos desmoraliza.

¿Cuántas veces nos preguntamos cómo estamos y nos cuesta identificarlo? ¿Cuántas veces lloramos y no sabemos si es por hoy o por el pasado? ¿Cuántas veces nos quejamos y no sabemos siquiera porque hacemos de esto un mal hábito?

El “Discernimienro” acá resulta fundamental: nos ayuda a esclarecer lo que se mueve en nuestro interior, haciendo un profundo trabajo de instrospección para recién, desde esa Plena Conciencia de sí, re-orientar nuestra vida tomando desiciones genuinas y “actualizadas” de aucerdo a “quienes estamos siendo hoy”. A veces nos quedamos en una vieja versión de nosotros mismos porque no nos adentramos a ordenar nuestra enorme cantidad de contenido mental.

Nuestra mente “requiere” de un profundo trabajo de “psicohigiene” para que se mantega limpia y ordenada. Si pensamos nuestra mente como el hogar de nuestra vida anímica, bien vale la pena oxigenarla y purificarla. Seguro, cuando llegas a tu casa te resulta muy poco placentero encontrar todo revuelto y pierdes tus energías tratanto de encontrar entre una enorme pila de cosas lo que te sirve y necesitas. Así, no todo lo que en nuestra mente habita, necesitamos. No todos nuestros sentimientos son buenos consejeros, no todas nuestras emociones son guías fiables.

Cuando ejercemos el “Discernimiento”, ejercitamos el “músculo” del criterio. Dejando atrás los reducccionismos de que todo lo que sentimos debe ser expresado sin el más mínimo razonamiento, de que todo lo que pensamos es más válido que las emociones que se mueven dentro. Cuando “discernimos” nos damos la chance de encontrar el equilibrio.

Cuando discernimos, dejamos de mentirnos porque implica hablarnos con autentica sinceridad a nosotros mismos. Esa es la valentía que implica comenzar a “trabajar nuestra interioridad ”. Atravezando este bosque personal con sus luces y sombras…no solo nos conocemos sino que dejamos de tener miedo de mirar hacia dentro. Este paisaja psíquico selvatico forma parte de toda la esencia humana. Hay quienes lo miran con miedo desde afuera, a quienes lo espían y cuando apenas se arriman, prefieren seguir en la misma, hay quienes ni siquiera saben de su existencia, y quienes en un acto de valentía tranfornan su mente en un ecosistema que sustenta y orienta su vida desde la Plena Conciencia. Una mente “transformada”, es una persona liberada de sus automatismos de siempre.

Habilitando el Discernimiento

¿Cómo comenzar a poner “cada cosa en su lugar”?

Cada determinada cantidad de tiempo, es necesario detenernos a dialogar sinceramente con nosotros mismos y preguntarnos: cómo estamos, qué está sucediendo dentro nuestro, qué emociones experimentamos. Dedicarnos unos instantes a este trabajo de instrospección, nos permite conectarnos con la lucides para vivir nuestra vida desde el “hoy” sin quedarnos atascados y desactualizados sin saber muy bien a donde vamos.

Este ejercicio consta de cuatro pasos:

1- Buscar un lugar, un tiempo y un espacio: para hacer de este ejercicio un hábito. El espacio he de ser tranquilo y el tiempo, lo suficiente, para pausar el ajetreo diario. Una música relajante ayuda a generar el ambiente que necesitamos para calmar la mente, el silencio es la opción para los más diestros en esto. Esta especie de “meditación lúcida” ha de tener tu impronta, no hay técnica que seguir, hay un método propio que crear que vaya de acuerdo a tu estilo personal.

 

2- Convoca a tu parte más sincera: se trata de conectar con la parte más “honda”, aquella que no se deja convencer por las excusas, y argumentos que estamos acostumbrados a darnos. Con amabilidad le solicitamos que nos brinde información y nos ayude a esclarecer:

¿Quiénes estámos siendo hoy a diferencia de los que fuimos ayer? ¿Qué hábitos necesitamos dejar atrás y cuáles instalar? ¿Qué sentimientos son los de hoy y cuales son los que de tan viejos tienen otro sabor? ¿Lo que pensamos es lo mismo que sentimos? ¿Lo que sentimos es lo mismo que nos decimos?

A veces no se trata de tener todas las respuestas sino de aprender a hacernos las preguntas correctas. Sin duda, esta actitud nos mantendrá lo suficientemente despiertos para no enajenarnos y alejarnos demasiado de nuestra más sincera esencia.

El paso siguiente sí será ordenar, distinguir y analizar esa información.

 

3- Registro de lo obstaculizador: prestar atención a aquello que nos estanca, qué nos quita energía, que nos lleva al conformismo: sean situaciones, comportamientos, actitudes, emociones, personas, lugares, que no nos están ayudando, sino por el contrario, están haciendo que nos sientamos atascado. ¡Ojo! No mires tan lejos…tendemos a caer en el lugar fácil de buscar culpables fuera cuando en verdad somos los únicos responsables. Así el daño venga de afuera, el límite se pone siempre desde dentro.

 

4- Registro de lo facilitador: estamos acostumbrados a “repetir” lo que nos daña…pero cuando descubrimos lo que nos hace bien ¿cuánta perseverancia y tenacidad tenemos en sostenerlo? Muchos hábitos que nos dañan perduran por años y un gesto, ciertos habitos o conductas favorables tienden a desaparecer como las nubes se corren tras el sol… ¿Se han dado cuenta? Pareciera que si de salud y coherencia emocional hablamos, funcionamos “en el mundo del reves” como dice la popular canción… Así sumamos lo que nos resta y restamos lo que nos suma.

 

Es importante incrementar la conciencia para darnos cuenta de aquellas cosas que nos suman calidad de vida, y multiplicarlas para que sean como fertiles semillas. A veces nos es difícil “captarlo”, porque estamos muy acostumbrarnos a “quejarnos” y “lamentarnos”.

 

Esta selección saludable criteriosa deriva de la convicción de utilizar el Discernimiento para posicionarnos como protagonistas y dejar de vernos como víctimas a la deriva de las mareas de la vida. Sin duda, no todo nuestro bienestar deriva de la posibilidad de clarificar y limpiar nuestra mente, pero puedo asegurar que lo contrario en verdad no ayuda. La Vida “con mayúsculas” tiene complejidades que no entendemos pero sí a eso le sumamos nuestra propia incompresión…¡ahí sí que nos perdemos! Con un buen mapa personal tendremos menos posibilidades de perdernos, pero si aún así sucede…podemos volver sobre nuestros pasos, volver a “situarnos” y seguir andando con referencias fiables que construímos a partir de ejercicios cómo estos que nos recuerdan no solo dónde estamos, sino tambien hacia donde nos estamos enfocando.

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