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¿Me quedo o me voy de esta relación?

Por Corina Valdano

· Psicología,transpersonal,pareja,vinculos,separación

¿Me quedo o me voy de esta relación?

Seguramente más de una vez en la vida se han preguntado, en la misma o en relaciones distintas, ¿me quedo o me voy?

Cuando esta pregunta aparece, la duda está ya instalada. Por un lado, esta pregunta puede ser dinamizadora para re-actualizar una relación que hace tiempo necesita renovación. Por otro lado, puede ser el inicio de una distancia que se incrementa día tras días cuando comenzamos a sopesar los pro y los contra de seguir o no, en una especie de duda neurótica.

Es muy habitual empezar a enumerar lo positivo y lo negativo de nuestra pareja. ¡En esta evaluación minuciosa se nos puede ir la vida! ¿Por qué? Porque siempre vamos a encontrar motivos para quedarnos así como también razones para irnos. Dar un pasito hacia atrás y juzgar, aumenta el desamor: cómo come, cómo mira, cómo mastica, cómo habla, cómo se queda callado... todo se convierte en motivo de ira y de mayor desilusión.

Cuando nos posicionamos en observadores minuciosos del comportamiento del otro, estamos esperando que sea él o ella quien resuelva nuestra duda interna. Podemos pasarnos años esperando que el limonero de naranjas…Y eso solo genera decepción y pérdida de tiempo. ¿Por qué? Porque la respuesta a nuestra duda está en nuestras propias preguntas, en nuestra capacidad de preguntarnos acerca de lo que necesitamos en un momento dado y respecto de lo que esperamos de una pareja. Restar y sumar lo bueno y lo malo no es más que una dilatación para no hacernos cargo de tomar una decisión.

Cuando aparece la inquietud, la acción más inteligente es abrir la reflexión y la comunicación abierta con nuestra pareja. Esto no es lo mismo que reprochar, criticar y quejarse de lo que el otro hace o dejar de hacer, sino invitar a la otra persona a mirar juntos la relación como si fuese una tercera persona. ¡Que de hecho lo es! De a dos, dar ese pasito hacia atrás y preguntarse cómo estamos funcionando como pareja puede ser el puntapié inicial para llegar a nuevos acuerdos, actualizaciones y puntos de encuentro.

Cuando las personas evolucionan y la pareja se estanca no es muy difícil adivinar el final, a no ser que cada uno vaya por su camino y sean solo una sociedad. Esto no está ni bien ni mal…no se trata de juzgar, sino que a cada uno le corresponde preguntarse qué necesidades emocionales y expectativas tiene respecto de la vida en pareja. Esa es la pregunta que la mayoría de las veces está ausente y es esto lo que convierte a una pareja en disfuncional.

Tenemos la creencia de que para separase debe haber discusión y pelea. Sin embargo los silencios violentos y los desencuentros continuos son tan validos motivos como los primeros.

Una relación puede terminarse por dos motivos:

  • Porque la relación es violenta.
  • O, porque es una relación muy pobre.

Una relación puede haber empezado con mucha intensidad y profundidad pero se empobrece si sus integrantes no se detienen a re-actualizar ese vínculo que alguna vez fue motivo de felicidad. ¿Qué es re-actualizar? Saber que la historia que nos unió puede haberse ya cumplido…nos casamos, tuvimos hijos…Pero para seguir desde la elección y no solo por mera repetición, necesitamos contarnos una nueva historia. Ya que el amor no es más que una historia contada de a dos. Una nueva historia es abrir otro capítulo que podría titularse ¿Para qué seguimos juntos? Construir nuevos motivos y proyectos compartidos acortan la distancia que necesariamente sucede cuando dos personas dan sus pasos cada uno a su ritmo y dirección. Para generar esos puntos de encuentro, se necesita la pausa y sobretodo valentía y honestidad para afrontar las respuestas. Acomodarse a lo que hay, es amputarse la posibilidad amar. Y no me refirió a un amor idílico, por supuesto que toda relación se torna más tranquila con el paso de los años, pero no por eso menos auténtica y fría.

Una pareja es un ser vivo que es necesario alimentar. Cuando nos damos por sentado, se empieza a marchitar. Esto no implica forzar ni trabajar a pulmón. Cuando la pareja se nutre todos los días, poquito a poco…sale del corazón. El esfuerzo aparece cuando se trata de resucitar a un muerto...y hay parejas fallecidas que siguen andando sin ninguna razón…O lo que es peor: ¡Por los hijos! ¿los hijos? Ese es un grave error. Es mucho más sano venir de un hogar roto, que vivir durante años en uno quebrado. Quienes continúan por sus hijos no se detienen a pensar que en verdad, les están mostrando una idea equivocada del amor, de lo que es una pareja sana y benéfica. Y el modelo de pareja que les dejamos a nuestros hijos es una herencia muy pesada con la que lidiar si está en bancarrota. Con ese molde como referencia van buscando el zapato que mejor les calza y si el zapato aprieta, encogen el pie en lugar de cambiarlo. Con esto no estoy decidiendo que uno debe ir por la vida estrenando zapatos todo el tiempo…no se trata de descartar relaciones salvables cuando hay aun tela para cortar. El problema es querer hacer una pollera con un pañuelo o usar pañuelo como pollera.

Así como hay parejas que siguen juntas por inercia, hay otras que abandonan el barco ni bien ven apenas unas pocas nubes negras. Los dos extremos son exageraciones y muestras de una gran inmadurez emocional.

No se puede dejar una relación por cualquier cosa, de la misma forma que no se puede sostenerla a pesar de todo.

Hay personas que se separan porque no toleran la más mínima frustración o porque tienen una idea idealizada del amor que no coincide con los ejemplares humanos reales que habitan este planeta. Mucho de esto se lo debemos a los príncipes y princesas que solo viven en Disney World….hasta que colorín colorado el cuento se acabo.

Hay otras personas que le ponen onda a lo que hace rato no tiene movimiento. Y sostienen la relación más por miedo que por sólidas esperanzas de que lo que murió renazca. Estas personas deberían preguntarse si no les da más miedo vivir los próximos veinte, treinta o cuarenta años con ese peso en la espalda y con esa duda clavada, negándose la posibilidad de volver a elegir o de vivir una fértil y digna soledad.

No tengo dudas de que el amor es para toda la vida, pero no necesariamente hacia la misma persona. Aquí hay un error de interpretación. Si creemos firmemente en esa expresión ¿por qué quedarnos ahí donde ya sabemos que no lo hay? ¿verdad?

Hay relaciones que son para toda la vida y hay otras, no por eso menos valiosas, que son para una etapa de la vida. El fracaso es llegar hasta el hartazgo, así como también lo es el retirarse antes de tiempo, sin hacer el más mínimo intento.

Un vínculo de amor saludable de a dos, requiere de conciencia, de complicidad, de compañerismo, de sana discusión, de tolerancia, de aceptación, de empatía y de una cuota considerable de humor.

Hay dos salidas posibles ante la misma pregunta ¿me quedo o me voy? Y las dos alternativas podrían resumirse en una única palabra que en sí misma es adecuada: renunciar.

Re-enunciar: volver a enunciar nuevos motivos, reactualizar lo que ha quedado viejo, llegar a nuevos acuerdos, construir puntos de encuentro.

Renunciar: cuando nos podemos ir en paz sabiendo que remamos la barca con lo mejor de sí. Aquí la renuncia más que un acto de cobardía, es un suceso de tremendo heroísmo.

Así el amor no fracasa, fracasamos las personas cuando confundimos su verdadero significado y en nombre del amor, justificamos cualquier aberración o actuamos con sumisión y penosa resignación.

Cuando la duda está instalada, hacerse cargo es hacer algo con eso que nos está pasando.

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