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¿Quién se esconde detrás de una persona que critica?

Por Corina Valdano

· Psicología,transpersonal,crítica,budismo,insatisfacción

Hoy quiero hablar de un hábito que muchas personas hacen en automático, un hábito malsano que nada aporta y pone en evidencia la vida pobre de quien lo ejerce como deporte, que deja sobre el tapete el enorme cumulo de frustraciones que estas personas resentidas sienten. Me estoy refiriendo a las personas que critican sin saber, que con el dedo índice señalan la vida ajena o menosprecian a los demás para sentirse mejor.

En lugar de invertir sus energías en hacer de sus vidas algo valioso y beneficioso, espían la vida ajena como quien mira una vidriera, buscando el alimento que les de sustento para lanzar la crítica, la burla, el ataque o el comentario malicioso hacia quien evalúan como una amenaza para su ego inseguro y temeroso.

Detrás de una persona que critica se encuentra una persona resentida y poco feliz con su vida. Rechaza la felicidad ajena porque le recuerda que se puede vivir de otra manera, ataca la osadía de los demás porque le recuerda su falta de valentía, menosprecia los logros ajenos porque le carcome la envidia por dentro.

Un lugar habitual en el que suelen caer es creer que a los demás les va bien por suerte, por causas externas o por favoritismo de la vida. Comentarios fáciles que suelen hacer: “Tienen suerte”, “Nacieron en cuna de oro”, “Así cualquiera”. En cambio si es que son ellos quienes logran un éxito es gracias a su esfuerzo, su sacrificio y a su esmerada dedicación. ¿Y sus desdichas y desencantos? ¡Por supuesto! Nada tienen que ver con su falta de agallas o dedicación, ahí sí que la suerte no les juega a su favor.

Como conclusión, los positivo de los demás es favoritismo, lo positivo propio es sudor y lágrimas y lo negativo fruto de la injusticia de la vida. Es decir, se llevan las medallas y rechazan toda responsabilidad o equivocación. “Ellos la tienen tan difícil y los demás tan fácil”. Asumir que los demás pueden y ellos no, que los demás se animan y ellos no, que los demás consiguen, y ellos no, es una tremenda herida a sus ego hambrientos de errores ajenos para sentirse mejor.

La forma que encuentran de no sentirse tan mal no es mejorando lo que les disgusta de su vida sino empeorando lo ajeno y derribando de un gomerazo lo que sienten que está más alto y no están dispuestos a hacer los sacrificios necesarios para alcanzarlo.

Asumen el papel de jueces y dueños de la verdad, opinan con malicia desde el anonimato. Las redes sociales los atrapa por horas hurgueteando y haciendo comentarios ofensivos que delatan más el alma del ofensor que del ofendido. La frustración los conduce a la agresión, que se manifiesta de muy diferentes formas. Las más de las veces de maneras poco valientes.

Las personas que critican maliciosamente y sin razón suelen detestar la felicidad que irradian los demás. A todo le encuentran motivo de ofensa o descalificación: Si es demasiado hermosa, se le encuentra celulitis. Si económicamente está bien, seguro el mérito es del padre porque todo se lo dio. Si es premio nobel en matemáticas, al pibe le falta calle. Si se la pasa en la calle, que se ponga a trabajar. Si es gorda que cierre la boca. Si es flaca es anoréxica. Si disfruta de la vida es porque vive de arriba.

Estas personas usan la astucia y la inteligencia para dañar, son personas tóxicas de las que cuidarse para no dejarse intoxicar.

Sus críticas reflejan en la mayoría de las ocasiones el anhelo por experimentar lo que la vida les ha negado o ellos no han podido lograr. No se preocupan por mejorar. Consideran que la mejor vía para destacar o sentirse mejor es apagando el brillo que trasmiten los demás. Suelen ser personas que se irritan con facilidad, con falta de autocrítica, que carecen de hobbies y actividades que les resulten interesantes, que se sienten atacados con demasiada facilidad y que ven en los demás un contrincante a quien atacar.

Son personas rápidas para juzgar pero muy lentas para mejorarse a sí mismas

¿Cómo preservarnos de estos ejemplares humanos?

Lo más inteligente es no entregarles el poder, no ceder a la tentación de justificarse, dar explicaciones o contestar la ofensa. Las personas lúcidas utilizan la compasión para tomar distancia de la agresión. Saben comprender que detrás de alguien que invierte su tiempo y energía en juzgar, criticar o comentar, hay un ser humano tremendamente vulnerable, que se siente desdichado y que no sabe qué hacer con su vida ni que decisiones tomar para sentirse en paz y lograr mayor satisfacción.

Si al leer esta nota adviertes que más de una vez sueles caer en este torpe y sinsentido lugar, es tiempo que te sinceres y reconozcas que este hábito insano nada te aporta ni a vos mismo ni a los demás. Viene a mi mente una enseñanza muy valiosa de Sócrates, quien decía que antes de abrir la boca y emitir palabra alguna uno debe preguntarse si aquello que está a punto de pronunciar ¿es verdadero? ¿es útil? ¿es benévolo? Si tu comentario no pasa por esos tres filtros, mejor reservarlo, dejarlo a un lado y que pase al olvido…

Una de las premisas del budismo para reencontrar la paz espiritual consiste en no criticar. En pronunciar solo aquellas palabras que valen atesorar, que son convenientes, que generan concordia y son dichas con amabilidad. Sin duda, la palabra tiene otro valor cuando se dice desde el corazón y buscando sumar, no restar.

Observar la vida de los demás, estar atentos a cómo consiguieron aquello que nosotros quisiéramos lograr, puede ser un ejercicio muy provechoso si tomamos estos ejemplos como referentes a seguir, como estímulo motivador y esperanzador. Aquí se abandona la crítica porque ese otro que antes me recordaba lo que yo no, es un par que me muestra que eso que quiero sí se puede lograr. Cuando observar la vida ajena sirve al propósito de mejorar la nuestra, no es hábito malsano sino un acto de inteligencia, admiración y reconocimiento a quien pudo lo que yo todavía no.

Así, quien invierte su tiempo en mejorar su propia vida, elije no dedicar sus energías a criticar, menospreciar o burlarse de los demás.

Y para quienes sufren de ofensas y críticas ajenas las preguntas oportunas son las siguientes:

¿Aquella persona que me critica cómo lleva su vida?

¿Qué autoridad tiene para opinar sobre mi vida?

¿Merece mi respeto y admiración?

La mayoría de las veces quienes critican saben poco o nada acerca de aquello que eligieron critican, lo hacen por deporte, por aburrimiento, por resentimiento o fastidio interno. Por eso lo que yo aconsejo es no tomarse nada personal y mirar con compasión a quien no tenga nada mejor que hacer que invertir su tiempo en mirar la vida ajena como posado en una vidriera. Y desear con vigor que logren sentirse a gusto y satisfechos con sus vidas para que lleguen a darse cuenta de cómo la apreciación de los demás se modifica. Cuando nos sentimos a gusto con quienes somos, el otro deja de ser una amenaza que me recuerda lo que no logro ser y mi sensación de desdicha.

Ojalá la próxima vez que estés a punto de ejercer la crítica recuerdes este escrito y pases tus palabras por los sabios filtros de la verdad, la benevolencia y la utilidad de lo que estas a por pronunciar…

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