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La sabiduría es no participar de la ignorancia

Por Corina Valdano

· Budismo,transpersonal,Psicología,Conciencia,emociones

Un relato del Budismo Zen dice… “Un hombre iba montando un caballo que iba galopando muy rápido. Otro hombre de pie junto a la carretera, le grita ¿Dónde estás yendo? Y el hombre del caballo le grita: “No lo sé, pregúntale al caballo.”

Este relato es una metáfora que resume a la perfección la vida apurada que llevamos. Cuántos de nosotros estamos montando caballos que no controlamos, estamos yendo a lugares que no sabemos, galopando apurados sin rumbo definido y sin ser concientes del camino.

El precepto fundamental del budismo es Vivir en Consciencia, esto es totalmente aplicable para aprender a vivir mejor en Occidente.

Vivir en Consciencia es saber lo que está pasando. Y no solo ser conscientes de lo que nos pasa ahora en el presente, sino de los efectos que nuestros comportamientos tendrán en nosotros mismos, en los demás y en el mundo entero. Ser personas lúcidas supone tomar las riendas del caballo y dejar de andar a la deriva. Y antes de montarlo, tomarnos un tiempo suficiente para dialogar con nosotros mismos y preguntarnos hacia dónde vamos y también hacia dónde estamos seguro de que no. A veces con el caballo acelerado terminamos embarrados en pantanos por no tomar los suficientes recaudos y vallar algunas franjas como zonas peligrosas. Conocernos es re/conocer aquellas tendencias que nos pueden jugar una mala pasada en un estado de inconsciencia. Si nos sabemos impulsivos, celosos, iracundos, poco tolerantes… el mejor acto de auto-cuidado es prevenir en lugar de intervenir en momento de ebullición emocional. Habernos comprometido con anticipación e identificar qué barreras no pasar, qué cosas no decir, qué cosas no hacer y qué otras evitar nos ayuda a no tener que tomar una decisión cuando nuestra razón esta raptada por la emoción. Es por eso tan importante saber a dónde ir, como también saber a dónde no y ponerse límites saludables. Eso es ser consciente, eso es cuidarse y cuidar a los demás de nuestras partes menos crecidas.

El más importante de todos los preceptos budistas es ser concientes de lo que estamos haciendo y también ser conscientes de quienes estamos siendo. Todo lo demás en la vida será consecuencia de quienes somos y qué hacemos en nuestro día a día. Nada es fruto del azar o de la casualidad, todo el tiempo estamos moviendo piezas en el enorme tablero de la vida. Pero en este juego, debemos tomarnos las cosas en serio. Prestar atención a nuestras palabras, a nuestras acciones y a nuestras omisiones. No solo al qué sino también al cómo. Lo que hacemos y dejamos de hacer ¿qué intención tiene detrás? ¿qué huella deja? ¿qué semilla siembra? ¿qué fuerza moviliza nuestro decir y nuestro actuar? Ese comentario, esa acotación, ese consejo, esa pregunta ¿esta movida por el amor? ¿aporta paz y reconciliación? ¿tiene el propósito de sumar, de hacer el bien, de no dañar? Estas preguntas están presentes en quienes deciden vivir con plena consciencia y reconocen el poder que tienen para intervenir en el mundo. La sociedad no son los otros, somos cada uno de nosotros, todo somos esa “gente” que criticamos como si fuéramos espectadores foráneos.

Vivir con consciencia no solo implica prestar atención a lo micro en nuestra vida sino a cómo lo micro impacta en lo macro. Nuestros hábitos de consumo no deben ser inconscientes si nos propusimos realmente ser jinetes de nuestro caballo… Preguntarnos ¿A qué contribuyo comprando este producto? ¿De qué soy parte utilizando este servicio? ¿A quién doy mi dinero para que lo reutilice? ¿En qué invierto mi preciado tiempo? ¿En qué puedo beneficiar, qué causas quiero apoyar, de qué no quiero participar? Esto es conciencia individual y es conciencia ciudadana. Vivir con plena conciencia es dejar de esperar que los de arriba tomen medidas y hacer nuestro aporte en la dirección correcta. Encarnar los valores y sembrar las semillas que queremos cosechar en nuestra pequeña parcela, en nuestro diario vivir, en nuestra área de injerencia. Para hacer el bien no hacen falta grandes sacrificios, hace falta conciencia y compromiso con lo que hacemos y dejamos de hacer, así como también dejar de mirarse solo el ombligo y ver más allá de nuestras narices. Si buscamos solo nuestro beneficioso, en el afán de sacar ventaja y en el apuro de tomar tajada, muchas cosas se nos pasan por alto. Pasar del galope al trote y del trote al paso, nos permite apreciar y tomar conciencia de cosas que a toda velocidad perdemos de vista. Y claro está que nadie es feliz de manera individual, no hay felicidad más sentida que la felicidad compartida. Cuando beneficiamos al resto, nos estamos dando al mismo tiempo.

Vivir con plena consciencia es ser conciente de nuestra fuerza y nuestro poder de influencia. Hay una expresión en la filosofía budista que me gusta mucho y quisiera compartirles: “engaged buddhism”, que significa budismo comprometido. Esto es: budismo en la vida diaria, en la sociedad, no solo en los centros de retiro. “Retirarse” sirve en la medida en que luego se vuelca en un “implicarse” con más consciencia en la vida individual y colectiva. Estar en contacto con nosotros mismos, con nuestros sentimientos, emociones y pensamientos no es para ego-centrarnos sino para empatizar y experimentar compasión hacia los demás con mayor compromiso.

Así es… todo empieza por uno mismo ¡pero atención! nada termina ahí. Eso es empobrecernos más que iluminarnos o volvernos sabios. Lo que empieza en uno mismo debe ser diseminado y esparcido como semillas para que de los frutos de la conciencia se beneficien la mayoría de los seres sintientes. Cada uno de nosotros tiene en su mano un manojo de semillas, no nos vayamos de aquí con los puños cerrados. Cada acto de generosidad que ejercemos germina en una abundancia de la que todos nos enriquecemos.

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