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¿Qué tipo de elecciones orientan tu vida?

Elecciones Progresivas y Elecciones Regresivas

Por Corina Valdano

· psicología,transpersonal,elegir,superación,Voluntad

La vida puede ser concebida como una sucesión de elecciones continuas. Todo el tiempo, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos observando la realidad y optando entre las distintas opciones que registramos.

La palabra “elegir”, etimológicamente es muy interesante, pues deriva del latín e-ligere” : que significa escoger, leer, sumado al verbo “e-ex”. Esto conlleva que, como seres humanos, tenemos la capacidad de “leer” la realidad y decidir por qué optar.

Hacer de esta palabra un verbo, es ser conciente de que a cada momento somos electores activos y no meros receptores pasivos de lo que la vida nos ofrece.

Así la vida sería como un gran “banquete” y como selectores concientes escogemos aquello que resuena con nuestras preferencias. Sin embargo, a veces, desde un estado de plena inconciencia, solo repetimos lo de siempre, desatendiendo o desconociendo el enorme abanico de posibilidades que dejamos fuera cada vez que escogemos lo mismo pudiendo optar por lo distinto.

Pausar para reflexionar. Reflexionar para optar.

Contamos como seres humanos con la capacidad de pausar y razonar. Está a nuestro alcance identificar y contener la mera repetición para habilitar una interrogación que marcará la diferencia entre la rigidez y la flexibilidad, la creatividad y la repitencia, la fijación de la personalidad o la expansión de nuestro mayor potencial.

Sin interrogación ni reflexión, elegir puede reducirse a un mero repetir. Respecto a nuestra capacidad de elegir, una realidad innegable es que aunque nos neguemos a optar entre una u otra posibilidad, no podemos rehuir de esa responsabilidad tan inherente a lo humano esencial.

Cuando nos paralizamos y nos quedamos siempre en el mismo lugar, estamos pasivamente reforzando esa elección de seguir anclados. Cuando estamos en “A”, sin elegir “B”, “C”, o “D” por temor a errar, en verdad nuestra elección sigue siendo “A”, aunque en nuestro interior anide la fantasía de que obviamos asumir el riesgo de elegir. No nos damos cuenta que, muchas veces, el mayor riesgo es seguir instalados en el mismo sitio que a la vez detestamos. De este modo, evadimos la ansiedad de optar activamente pero reforzamos la angustia existencial de quedarnos en el mismo lugar: en una forma de ser, en una forma de comunicar, en una manera de estar, de sentir o de reaccionar. Cuando no nos comprometemos a ensayar otras maneras, reforzamos la misma identidad que a la vez, nos condena.

Reconociendo que no hay manera de escapar de esta responsabilidad de optar, hay una segunda instancia fundamental a considerar:

“No toda elección activa, necesariamente es constructiva”

Aquí es necesario aclarar que existen dos tipos de alternativas que sin duda nos conducen a destinos muy distintos. Existen las Elecciones Progresivas y las Elecciones Regresivas. Como su nombre deja entrever las primeras nos alientan a crecer, las segundas refuerzan un mismo limitado modo de ser.

Veamos en profundidad en qué se diferencian entre ellas:

Una Elección Progresiva, es aquella que nos anima a desplegarnos, que nos saca de la “cómoda” y resignada quietud estancada, pues impacta en la realidad y modifica el propio entorno, generando además, un “nuevo sabor personal”.

¿Un nuevo “sabor personal”? Se preguntarán… ¿qué será? Pues, es esa íntima sensación de darnos cuenta que hicimos algo que antes no. Como quien prueba una nueva comida y siente un nuevo sabor…A veces nos pasa que “nos sabemos desabridos” pudiendo condimentar nuestro accionar con cualidades y valores que desconocíamos hasta entonces.

Podemos optar por elecciones progresivas y elegir sumar, en lugar de seguir restando. Así, de repente acontece el milagro de dejar de ser previsibles para sí mismo y para el contexto que nos rodea y muchas veces nos da por sentado…

- Si siempre contestábamos mal, puede que aparezca algo de amabilidad…

- Si la impulsividad fue lo que marcó nuestro modo de actuar, la capacidad de reflexión puede hacer su aparición…

- Si la intolerancia fue siempre una marca personal, la paciencia puede asomar…

Una Elección Progresiva siempre nos invita a mejorar, a trascender las fronteras de nuestra limitada personalidad, a ampliar el repertorio de nuestras estereotipadas respuestas. Cuando optamos por elecciones progresivas, orientamos nuestras acciones en dirección a la persona que queremos ser.

En cambio, una Elección Regresiva, es aquella que se refuerza a sí misma. Imaginamos cambiar desde el pensamiento mágico de que "todo se sucederá…". Decimos querer modificar ciertos patrones de nuestra personalidad y sin embargo no hacemos nada distinto ni creativo. Es decir, ante lo mismo, repetimos.

Por lo tanto, toda decisión debe ir acompañada por la siguiente reflexión:

¿Estoy optando por una Elección Progresiva o una Elección Regresiva?

Avanzar requiere de firme voluntad. Y aquí, para desilusión de muchos, afirmo: “aquello que deseamos modificar de nuestra personalidad no sale de manera natural”, pues lo que nos sale natural es siempre más de lo mismo que decimos que queremos cambiar.

Muchas veces nos genera resistencia ejercer algo que “consideramos forzado…”, nos da la sensación de que no es auténtico, sincero o genuino. Sin embargo, viene bien preguntarnos...¿lo que repetimos y "nos sale desde adentro…” es lo realmente nuestro? ¿O solo forma parte de nuestros condicionamientos?

No hay cambio que acontezca de una manera “natural” sin la intervención de nuestra plena conciencia. Elegir el crecimiento y el aprendizaje requiere de nuestra esmerada VOLUNTAD. Y esta bella palabra debe ser reivindicada y puesta en su justo lugar. Junto a otras tantas palabras más que tienen mala prensa y sin embargo deberíamos considerarlas y atesorarlas: la disciplina, la perseverancia, la constancia y el esfuerzo forman parte de una verdadera transformación personal.

Poner voluntad y esfuerzo por mejorar, es el acto más digno que podemos ejercer frente a los facilismos de este siglo que afirman que lo que “no sale de adentro no es auténtico”.

Somos verdaderamente auténticos cuando desde la voluntad elegimos lo constructivo a más de lo mismo. Y lo que nace de la voluntad, puede convertirse con el tiempo en el acto natural más bello de modificarnos en lugar de seguir excusándonos y justificándonos diciéndonos que “no somos nosotros si hacemos esto y no lo otro”. Porque en definitiva: ¿Quiénes somos? Pues bien, el resultado de las decisiones que tomamos…¿no? Lo que decidamos desde la plena conciencia hacer con eso que decimos que somos, es lo que realmente se refleja en la identidad que nos representa. La personalidad es tan moldeable como la arcilla en el arte.

No hay grandes saltos, hay pequeños pasos. No hay grandes decisiones sino sumatorias de pequeñas elecciones. Podemos decidir momento a momento, entre Elecciones Progresivas y Elecciones Regresivas. Sin duda, nuestro favorable destino dependerá de elegir las primeras a las segundas.

Les animo a que ahora que ya saben diferenciar entre estas dos alternativas de elecciones en la vida, ante cada decisión se pregunten: ¿me suma? Y elijan así aumentar el mayor capital que podemos atesorar: la capacidad de elegir la vida que queremos vivir. Lo contrario es solo repetir, repetir y repetir...es decir, un mero sobrevivir.

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