Return to site

Hábitos de Felicidad

Por Corina Valdano

· Psicología,Trasnpersonal,Felicidad,emociones,Hábitos

Si en algo como seres humanos coincidimos todos, es que queremos ser felices. El problema es que pensamos que la felicidad se conquista cuando en realidad, la felicidad se despierta a partir de hábitos muy concretos que tenemos que ejercitar.

Si bien es cierto que el factor genético interviene, esto es solo en un mínimo porcentaje. Lo que significa que tenemos un amplio margen en el que podemos trabajar. Es decir que, sentirnos felices depende de los hábitos que tengamos en nuestro diario vivir.

Lo primero que tenemos que desmitificar es que la felicidad está asociada al logro de una determinada meta u objetivo. Si bien es cierto que cuando conseguimos algo que nos propusimos, nuestro nivel de bienestar se incrementa, esta sensación no tiene duración en el tiempo. Es decir, no aumenta nuestro índice de felicidad, solo nos pone contentos por un plazo relativamente corto de tiempo. Pasarnos la vida persiguiendo zanahorias nos agota, pues la felicidad no es un resultado obtenido sino un modo de posicionarnos y vivir lo cotidiano.

La felicidad tampoco implica no sentir tensión, no sentir emociones negativas o estar sonrientes todo el tiempo. Por el contrario, las emociones como la tristeza, el desánimo, la insatisfacción, al ser interrogadas son como brújulas que nos orientan por dónde si y por dónde no. Las emociones que sentimos nos traen un mensaje que necesitamos escuchar. Esta manera de contemplarlas es muy diferente a la idea de escaparnos rápidamente de ella o tratar de eliminaras lo antes posible. Las únicas personas que no sienten emociones dolorosas son los psicópatas y las personas muertas, así que alégrate de que estas vivo y te corre sangre por las venas.

Así podemos decir que una de las razones de la infelicidad son las falsas expectativas de lo que pensamos que nos hará sentirnos felices:

  • Conseguir determinados logros.
  • No sentir emociones negativas.

Entonces, si la felicidad no es no sentirnos tristes y tampoco conseguir objetivos…

¿Cuáles son aquellos hábitos que podemos ejercitar para fortalecer una felicidad duradera y no una efímera sensación de bienestar?

En primer lugar, la felicidad está íntimamente asociada a la construcción de relaciones profundas y significativas. No se trata de tener un millón de amigos sino pocos de calidad. Personas de confianza con quienes podemos sentirnos nosotros mismos sin corazas. Esto no quiere decir que debamos evitar estar solos. Es muy diferente estar solos que sentirse solos. Hay muchas personas que se sienten solas aún rodeadas de gente. Y esto es porque sus relaciones no son de calidad. Tenemos que aprender a tender un puente entre el mundo interior y el mundo exterior. Ir hacia adentro e intercambiar con el resto. No somos islas, somos seres sociales en interacción. Por lo tanto, invierte energía en la construcción de vínculos de intimidad, es el primer consejo para la felicidad.

La segunda sugerencia es simplifica tu vida. Hacer una sola cosa a la vez con plena presencia nos nutre mucho más que hacer cinco al mismo tiempo y “no estar en ninguna de ellas con plena conciencia”. En un mundo tan frenético y acelerado tener esas islas de remanso nos tranquiliza. Si estás jugando con tu hijo, juega y deja de mirar el reloj al mismo tiempo. Si estás conversando con tu esposa, escúchala y no contestes ese email que puede esperar. Si estás con tu amiga, deja de chatear con tu vecino. Aprende a estar donde estás. Así aprenderás a disfrutar ¿qué es dis/frutar? Sacarle el jugo a la fruta a lo que estás vivenciando, si estas a medias no exprimes lo rico de esa vivencia.

El ejercicio físico es fundamental. Tiene que transformarse en un hábito sagrado en tu vida, cualquiera sea tu edad, tu peso, estado físico, o el tiempo que tengas en tu agenda. Si no lo tienes, empieza a ponerlo con resaltador. La actividad física diaria, aún sean treinta minutos de caminata libera norepinefrina, serotonina y dopamina, lo que equivale a la medicación psiquiátrica más potentes. Tu cuerpo es tu medicina.

Ser felices también va de la mano con permitirnos ser seres humanos. En una cultura que hace alarde del perfeccionismo, que condena el error y nos pretende superhéroes, el verdadero acto heroico es trascender ese mandato y hacer oídos sordos a lo que nos malogra y tensiona mucho más de lo que nos alivia. Equivócate, descansa, aprende a decir que no, date permiso para el error sin condenarte, quiérete con tus defectos sin por eso dejar de mejorarte, no buscando ser perfecto sino a favor de tu propio crecimiento. Y dale también permiso a los demás para serlo, sin condenarlos ni juzgarlos por sus defectos. Después de todo somos apenas seres humanos mortales que hacemos lo que podemos, a veces nos sale mejor otras no tanto. Lo importante es no dejar de intentar ser mejores personas cada día, sin machacarnos, con amorosidad y buen trato.

Expresa gratitud, esto supone dejar de tomar como natural lo milagroso. Cuantas cosas que hoy tienes y no agradeces se volverían de repente importantes y valiosas si dejaras de tenerlas. No des por sentada tu salud, tus afectos, tu alimento, tu trabajo, tu respiración, el agua que bebes, una sonrisa, una caricia, tu hogar, tus mascotas, tu mente lúcida. Siéntelas como una bendición porque cualquier día podrían dejar de estar en tu vida y ahí te darás cuenta del valor que tenían. ¡Se agradecido! Encontrarás motivos a cada paso, tantos como los que encuentras con facilidad para quejarte. Agradece ese llamado, esa canción que te hace vibrar, ese sabor que tanto te gusta, tus sabanas limpias, tu cuerpo que te permite andar y patear esa pelota que tanto te gusta, el poder apreciar con tus ojos la belleza de una flor, agradece la motricidad de tus manos que te permiten escribir, dibujar, abrazar, cocinar, levantar esa copa de vino que tan bien le sienta a tu paladar. Mira a los ojos a esa persona que amas, a esa amiga que siempre está, a esa madre incondicional, a tu compañero de vida, a tu hija, a tu hijo y dale las gracias por existir, por estar “ahí”.

No agradezcas porque eres feliz, agradece para ser feliz y lo serás.

Por último, haz actividades que le den sentido a tu vida y no solo te proporcionen placer. Además de que te gusten, procura que tengan un significado, que aporten a algo mayor, más duradero y que te trasciendan. Nos da mucha felicidad hacer algo bueno por los demás. La solidaridad nos gratifica, nos da paz, nos hace sentir seres útiles y bondadosos y eso despierta en nuestro interior un sano orgullo personal que nos reconforta. Saber que una acción, un consejo, una palabra, un gesto, colaboro con el bienestar de otro ser humano, le saco una sonrisa, le conduzco a hacerse preguntas, le alivio una dificultad… se siente maravilloso. ¿Por qué? Porque ese otro somos cada uno de nosotros, todo está unido, en interrelación. La felicidad es un patrimonio colectivo. No hay felicidad más sentida que la compartida.

Crea una felicidad cotidiana y la suma de tus días harán de tu vida una vida más feliz. No hay nada de magia aquí, por el contrario: son hábitos, que sostenidos en el tiempo generan nuevas conexiones neuronales asociadas a la felicidad.

Cuando te sientas infeliz, haz una pausa y observa tu vida… ¿cómo vives? ¿qué estas dejando por fuera? ¿qué de lo que te importa no haces? ¿qué de lo que antes te hacía feliz dejaste de hacer o abandonaste?

Ser felices es una decisión que se entrena en el gimnasio de la vida ¿Todo depende de nosotros? Por supuesto que no… pero asegúrate de hacer tu parte y atravesaras como todos los mortales los dolores inevitables, no más. No te sumes sufrimiento adicional por la desidia de dejarte estar. Se protagonista de la cuota de felicidad que puedes regalarte y regalar. Porque ser feliz es también un acto de generosidad, pues darás a los demás la mejor versión de quien sos.

All Posts
×

Almost done…

We just sent you an email. Please click the link in the email to confirm your subscription!

OKSubscriptions powered by Strikingly