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No esperes el sufrimiento para despertar

Por Corina Valdano

· Psicología,transpersonal,sufrimiento,dolor,despertar

La vida está llena de dolor, de sufrimiento y de injusticia pero también está llena de maravillas, de preciosidad y de milagros que nos rodean.

Cuando una situación en nuestra vida nos despierta de la rutina, cuando la tragedia toca nuestra puerta o la enfermedad nos recuerda nuestra vulnerabilidad humana, lo preocupante deja de ser trascendente, lo urgente se convierte en insignificante y como un rayo de sol que asoma tras la niebla, nuestra conciencia despeja las banalidades y pone en evidencia lo sustancial y trascendente.

Les invito a preguntarse ¿Por qué necesitamos del sufrimiento para despertar del sueño que nos mantiene distraídos de lo esencial?

Lo esencial es lo simple que de tan elemental se vuelve natural y lo dejamos de ver. Tenemos el ojo entrenado para detectar injurias, ofensas o amenazas, pero estamos ciegos ante lo milagroso y bello que nos envuelve. ¿A dónde estamos cuando nos preguntamos por los milagros y olvidamos que los hijos anidan en nuestro interior? ¿A dónde estamos cuando de tristes nos sentimos morir y no podemos sentir la vida que se agita en cada inhalación y exhalación? ¿A dónde está la dicha si no lo está en una caricia, en un gesto, en una sonrisa, en un encuentro? Ahí donde no estamos cuando estamos, ahí donde se fuga nuestra presencia acontece la Vida sin que nos demos cuenta…

Miramos hacia atrás y añoramos lo que no pudo ser, o inclinados hacia delante imaginamos que la felicidad está siempre un paso más allá. Sin embargo, ni el pasado puede ser cambiado, ni el futuro es certeza menos aún garantía de lo que está en nuestra cabeza. Perdidos en preocupaciones, distraídos en futilidades y atormentados por miedos, nos alejamos del ahora y nos perdemos en los laberintos de nuestra mente. Lo ilusorio lo invade todo y lo real se deja a un lado. Eso real que se torna fundamental, evidente y claro cuando la contundencia del sufrimiento lo pone sobre la mesa. Eso real que no entra en dudas si te dijeran que tus días están contados. Y otra vez los invito a preguntarse…

¿Por qué esperar el caos para valorar la paz? ¿Por qué esperar la ausencia para valorar una presencia? ¿Por qué esperar la enfermedad para honrar la vitalidad? ¿por qué esperar la muerte para valorar la vida?

El sufrimiento es necesario para despertar del ensueño en el que solemos caer, es necesario pero no es suficiente. Necesitamos también aprender a estar en contacto con lo bello, con lo maravilloso y lo milagroso de la vida para aprender a vivir por nosotros mismos en lugar de esperar a que la vida con sus vaivenes nos enseñe por donde va la cuestión…

Entrenar la mirada para ver lo importante y disponer el espíritu para el agradecimiento son dos aceleradores para salir del letargo en el que solemos caer. Hay quienes pueden llegar a decir ¿qué agradecer cuando estamos tristes? Agradecer que la tristeza es solo un estado del que podemos salir y que nos trae un mensaje que tenemos que aprender a oír. Agradecer que tenemos la capacidad de volvernos seres felices si aprendemos a ser soberanos de nuestra mente. Agradecer que respiramos, que estamos vivos y que nos vamos a morir cuando este cuerpo no pueda más de cansado. Agradecer que tenemos la capacidad de hacer bien a los demás si dejamos de mirarnos el ombligo y abrimos el corazón. Agradecer aquel abrazo, aquel don, aquella caricia, aquel “estoy”, esa mirada que nos animo, esa mano que nos salvo, esa enfermedad que nos hizo mejor, ese sabor, ese aroma, aquel paisaje que nos estremeció, aquella palabra que nos alentó, aquel fondo que nos ayudó a tomar de una vez una decisión. Hay tanto que agradecer como para quejarse, hay tantas maravillas como atrocidades, la balanza la inclina aquellos ojos que miran.

No esperes el dolor para ver lo importante, reconoce lo importante para que cuando el dolor inevitable toque tu puerta te encuentre fortalecido y con la lucidez suficiente para no enemistarte con lo que sientes. Deja que el dolor este el tiempo suficiente que necesitas pero no te aferres a él como una identidad postiza. No te olvides de agradecer aun estando triste, de apreciar lo milagroso en la tragedia y la belleza en las más horrendas de las pesadillas. De las pesadillas uno se despierta pero podemos pasarnos la vida entera dormidos sino abrimos nuestra conciencia al momento presente y nos dejamos absorber por lo nimio e intrascendente.

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