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Me quiero, no me quiero, me quiero, no me quiero…

¡Con autoestima no alcanza!

Por Corina Valdano

· autoestima,Maitri,emociones,transpersonal,Budismo

¿Se han puesto a pensar la palabra que en Occidente utilizamos para hablar del afecto que nos tenemos? Autoestima. ¿No les parece que estimarse a uno mismo es demasiado pobre? ¿Le dirían a un amigo muy querido, a una pareja o a un hijo “te estimo mucho”? Seguro se quedarían bastante cortos o quien recibe ese cumplido, se sentiría más ofendido que elogiado…

 

Pues bien, esa pobreza en la palabra denota cuánto nos cuesta darnos amor del verdadero. Estamos acostumbrados a darnos y quitarnos el afecto como si fuera un par de medias. Si las cosas nos salen bien, nos damos una palmadita en el hombro sino nos reprochamos, nos regañamos y nos enojamos con lo que hicimos o dejamos de hacer. El amor hacia nosotros es demasiado condicional, en la cultura occidental. Tenemos un montón de condiciones para amarnos y por lo tanto serios problemas para aceptarnos.

 

En la psicología budista tibetana existe una palabra mucho más rica para nombrar el amor hacia uno mismo, MAITRI. Su traducción en español sería amor incondicional hacia uno mismo. Y lo más interesante es que Maitri no es solo una definición, es ante todo una práctica cotidiana, una destreza a entrenar en el monasterio de la vida cotidiana. Consiste en aprender el arte de bien-tratarse.

 

Ahora bien ¿qué es bien tratarse? Darse a sí mismo un buen trato es una reflexión en silencio que, con plena honestidad, cada uno tiene que hacer. No podemos generalizar lo que es tratarse bien, pues lo que algunos necesitan ejercitar, puede ser lo que a otros les sobra. Maitri es un proceso tremendamente íntimo, un acto de plena conciencia, en donde cada uno se pregunta ¿qué es lo bueno para mí? Que no es lo mismo que preguntarse ¿de qué tengo ganas o qué más me gusta? Muchas veces lo que nos hace bien no es lo que más nos seduce hacer.

 

Puede que lo que necesitemos o sepamos que nos hace bien, nos cueste, no mucho….¡muchísimo! Maitri supondría entonces, llevarnos amorosamente hacia aquello que sabemos que es bueno para sí, y esto puede incluir: terminar esa carrera pendiente, dejar atrás un vínculo que nos daña, alimentarnos más sano, hacer actividad física, levantarse antes de la cama, trabajar más comprometidamente, hacer algo con esa parte de nuestro cuerpo que rechazamos… Al mismo tiempo, Maitri también puede ser: dejar de ser tan obsesivo con los libros, cuidar de un vínculo que nos importa, comer lo que nos gusta sin ser tan estrictos, sacarnos del gimnasio si pasamos demasiadas horas, descansar unas horas más, dejar de trabajar tanto, aceptar esa parte de nuestro cuerpo que no nos gusta.

 

Lo que importa, en definitiva, no es tanto qué hacemos sino desde dónde hacemos lo que hacemos. ¿Es nuestra conciencia lúcida la que elige? O son partes nuestras menos crecidas las que toman el mando de la decisión….mi parte obsesiva que no puede dejar de trabajar, mi parte perezosa que le gusta postergar, mi parte exigente que no me deja descansar, mi parte miedosa que me impide avanzar.

 

El desafío es discernir cuando nos estamos engañando y cuando nos estamos diciendo la verdad. Solo en un dialogo íntimo y sincero podemos descifrar lo que nos hace bien y lo que nos hace mal. Maitri está presente en cada decisión que tomamos, en cada dialogo interno que tenemos, en cada límite que nos ponemos y en cada acción que ejercemos. Maitri es un acto de plena conciencia al momento de elegir aquello que es realmente bueno para sí. Es una actitud de autocuidado hacia sí mismo, que no va de la mano de los resultados obtenidos.

 

En nuestra cultura, la palabra autoestima tiene una connotación más superficial y menos profunda. Tenemos autoestima si nos sentimos exitosos, si nos vemos bellos frente al espejo, el flaco se quiere si sube de peso y el que se siente excedido si baja esos kilos, nos sentimos a gusto con nosotros mismos si los demás nos dan muestras de afecto, si aprobamos el examen que tanto nos costó, si agrandamos de aquí, achicamos de allá y enderezamos lo otro… Así la autoestima se nos sube o se nos baja como el colesterol, porque está asociada a una condición. Está asociada a “la estimación” que hacemos de cómo nos va y de los resultados que obtenemos. Más que amarnos y darnos un buen trato nos auto-estimamos, es decir, nos evaluamos a nosotros mismos todo el tiempo. Luego nos juzgamos y finalmente decretamos: me quiero o no me quiero. La autoestima sube y baja como un subibaja.

 

La paradoja es que cuando la autoestima se nos baja, buscamos subirla a cualquier precio y con un elevado nivel de auto-odio: dejamos de ser auténticos para agradar a otros, le sacamos al cuerpo lo que pensamos que sobra, le recortamos de acá y le agregamos plástico para rellenar, nos coloreamos el cabello con productos que dañan nuestro cerebro, tratamos a nuestro cuerpo como no trataríamos jamás a nuestro perro. Buscamos más sacarnos lustre que acariciarnos desde dentro. Nos hacemos daño buscando querernos y aceptarnos ¿es un tanto extraño, verdad? Tenemos parámetros de salud que son necesarios revisar, no solo a nivel individual, también a nivel social. Seguimos valores que atentan contra nosotros mismos. Es por eso tan importante desarrollar lo que en las tradiciones de oriente se considera la virtud máxima, la joya del discernimiento (Viveka) para aprender a diferenciar y no comprar anestesiados todo lo que nos venden.

 

Si no estamos atentos podemos caer en el error de pensar que darnos gustos es querernos, entonces nos gastamos la plata del mes en un día de shopping, comemos esas tortas que nos caen como bombas, llamamos a esa persona porque lo sentimos y terminamos abollados y llorando por una semana, dejamos la carrera porque no tenemos ganas de estudiar. ¡Asociamos sacrificio y esfuerzo con hacernos mal! Sin embargo, ¡cuanto bien nos haríamos si ejercemos el sacrificio de amarnos a nosotros mismos! Sacrificarse significa “sacralizar un oficio”, es decir volver sagrada una labor. Y no tengo dudas que si cada uno vuelve sagrado el oficio de hacerse bien a sí mismo, no solo nos volveríamos más felices sino que en pocos años tendríamos una sociedad más afable y menos violenta.

 

El auto-odio que ejercemos, a veces de maneras más sutiles otras de maneras alevosas, es el mismo que luego dirigimos hacia los demás. No podemos ser tolerantes con nuestros semejantes, si no hay “una” que nos dejemos pasar, no podemos tener paciencia con los demás, si nunca nos damos siquiera un minuto para pausar, no es posible tampoco aceptar lo que es, si todo el tiempo nos estamos resistiendo y queriendo cambiar.

 

Maitri, no sube ni baja como la autoestima. Maitri es una actitud gentil y amorosa hacia nosotros mismos cualesquiera sean las circunstancias. Supone tener paciencia ante lo que nos cuesta, reconocer nuestras limitaciones, aceptar lo que es sin forzar, sacar dramatismo a lo que nos tomamos demasiado en serio y aprender a reírse de uno mismo y sus torpezas. Y ¡cuidado! Maitri está lejos de ser auto-indulgencia. La auto-indulgencia nos debilita, en cambio darnos un buen trato nos fortalece el espíritu.

 

Una de las cualidades fundamentales de Maitri es la constancia. La práctica de hacernos bien y elegir lo bueno para sí no se abandona jamás. Maitri, va acompañado de tolerancia pero no de dejarse estar. Maitri, es tenernos paciencia en nuestro firme y comprometido proceso de crecimiento, abandonando el afán de lograrlo todo “ya” como nuestra cultura dicta. Lo mejor de nosotros se cocina a fuego lento y con los años. Nada que sea importante es instantáneo. Desarrollar hábitos lleva tiempo y habituarnos a tratarnos bien, es en occidente toda una novedad.

 

Lo primero, que debemos hacer, es revisar las diferentes áreas de nuestra vida y preguntarnos ¿dónde nos estamos haciendo trampa? ¿engañando o mirando para otro lado? ¿en qué áreas, haciendo lo que sentimos, atentamos contra nosotros mismos? ¿qué de lo que nos gusta termina perjudicándonos? ¿qué estamos descuidando? ¿qué exageramos o de qué carecemos? ¿qué necesitamos aceptar y en qué nos tenemos que arremangar?

 

Y lo segundo, es asumir el compromiso de elegir lo bueno para sí, nos guste o no. Abandonar la idea hedonista que tenemos de autoestima y hacer elecciones más compatibles con nuestra salud psíquica. Eso es madurez emocional, eso es querernos de verdad. Si además, queremos ir a la peluquería, comprarnos algo lindo y comer algo rico ¡bienvenido! Todo lo que nos saque una sonrisa y no nos haga llorar después… suma al sagrado oficio de tratarnos bien.

 

 

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