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Dejar fluir la vida

Por Corina Valdano

· wuwei,dejar fluir,taoísmo

La Psicología Transpersonal se nutre de la filosofía y sabiduría oriental. En este artículo me gustaría acercarles un término que esta psicología toma del taoísmo. Seguramente muchos resonarán con él, ya que es aplicable a todos los ámbitos de la vida, se trata de aprender a vivir desde la filosofía del “Wu-Wei”. Esta expresión lingüística china describe un aspecto importante de la sabiduría taoísta, propone una manera de obrar “sin esfuerzo”. Bien vale aclarar que no se trata de “no accionar” sino más bien de un modo de obrar que respete el acontecer natural de las cosas, sin forzar con artificios que desvirtúen la armonía y principio natural de lo que acontece. Por ejemplo, una planta crece por wuwei, no hace esfuerzos por crecer, solo crece.

Ahora bien, los invito a que miren su vida, su manera de conducirse, y reflexionen…

¿Está presente este principio? ¿Cómo se expresa? O ¿Cómo no se expresa?

Las personas controladoras, manipuladoras e insistentes son las que no pueden tolerar semejante idea. Encuentran todo tipo de justificaciones y explicaciones para argumentar por qué hacen lo que hacen y lo que pasaría si dejaran de hacerlo. Desde ese trasfondo personal, se “esfuerzan” por cambiar a los demás, por generar lo que naturalmente no se genera, por mantener lo que se cae cada vez que se deja de sostener, por insistir una y otra vez en querer que las cosas sean como quieren que sean. Estas personas en lugar de vivir la vida, se enojan con ella y se revelan ante los hechos. De más está decir que terminan agotadas, frustradas, decepcionadas ¿Por qué? Porque la vida no es como uno quiere que sea: “la vida solo es”. Las personas no están aquí para agradarnos, las personas están aquí para vivir sus vidas de acuerdo a sus elecciones y aprendizajes.

La naturaleza se manifiesta por wuwei. Los seres humanos formamos parte de ella y “encarnamos” este principio en nuestra propia existencia, casi sin percibirlo. Atentar contra este principio, es oponernos a nuestra propia naturaleza. Tal es el que caso de personas que se resisten al paso del tiempo y desde ese “forcejeo” se desfiguran la cara en el deseo de alterar el orden natural de los acontecimientos. En cambio, hay otras personas que “aprenden a colaborar con lo inevitable” y envejecen con naturalidad, belleza y gracia. Este ejemplo esclarece que el arte de vivir conforme al “wuwei” en modo alguno significa flojedad, desidia, desgano y resignación. No se trata de abandonar la acción, sino de dejar de “re-accionar” a lo que es y no puede dejar de ser. Y si deja de ser cuando desisto de “re-accionar” es porque nunca fue ni lo será. Insistir con lo que no es solo genera un estrés innecesario, no aceptar lo que es provoca sufrimiento inútil.

La cultura en la que vivimos nos aleja de la naturaleza de este principio. Nos ofrecen “detener” el tiempo, “alcanzar” en breve lo imposible, mágicas maneras de “retener” al ser amado, anestesias para “aguantar” lo inaguantable, técnicas y estrategias para lograr que “el otro haga” lo que yo quiero que haga. Subirse a este tren no es llegar a destino si hacia dónde queremos ir es hacia la armonía y la paz interior.

¿Hacer o no hacer?

No se trata de abandonar la acción ni de aferrarnos a ella. Se trata más bien de renunciar a la especulación. Hay personas que piensan que la vida es un juego de billar: “evalúan, especulan, ven la jugada y con el taco le dan a la blanca para que le pegue a la amarilla y ésta a la azul, la azul a la roja y ¡carambola! En un juego resulta divertido, pero en la vida cotidiana agota la mente de cualquiera y se tiende a olvidar, además, que del otro lado hay otra persona que quizás no tenga ganas de jugar mi juego o bien sus reglas sean otras, entiéndase: valores, principios, propósitos, intereses. Y si ante quien ejercemos esa jugada es la vida…no se demorará demasiado en mostrarnos la pequeñez humana y recordarnos que las reglas no las ponemos nosotros.

Imagina un mar embravecido y un navegante en su velero ¿Cuál sería aquí la acción más inteligente y que menos desgaste conllevaría? Pues bien: orientar las velas en la mejor dirección para adaptarse al viento. Un buen navegante haría eso ¿verdad? Lo mismo nos sucede en la vida y a veces queremos domesticar el mar en lugar de asir las velas. Resulta hasta cómico cuando uno lo compara con situaciones como estas ¿Por qué? porque ante estas situaciones podemos aplicar el sentido común. Sin embargo, cuando estamos sumergidos en el mundo emocional el más común de los sentidos: “el sentido común”, nos resulta el más extraño. Y ahí estamos queriendo luchar con lo imposible y nos ahogamos en la primera oleada. Sacar cabeza afuera es aceptar lo que es y dejar de forcejear con lo que no es:

Una pareja que ya intento mil veces ponerse en pie.

Un hijo que no va a cambiar porque lo parí.

Una relación que no va a nacer si del otro lado no hay interés.

Una juventud que no se extiende porque me estire la cara.

Un tiempo que no vuelve porque mire las fotos.

Un ser que no regresa, aunque no lo deje ir.

Una emoción que no cesa porque no la quiera sentir.

 

Y la lista puede seguir indefinidamente… ¡tanto como quieras enderezar lo torcido! Si, en lugar de esa actitud adaptamos el cuerpo a la mejor postura que podamos ejercer ante los acontecimientos de la vida: estaremos en coherencia con el wuwei.

Soltar, aceptar, dejar ir, dejar venir, aprender a fluir, para navegar la vida y no ahogarnos en sus profundidades ¡ni agotarnos de bracear nadando incansablemente contracorriente!

“El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas”.

George Ward.

Los invito a que tengan presente este término tan sabio y respetuoso del devenir y de la natural existencia, que traten de incorporarlo a la cotidianeidad. Que cuando se encuentren forcejeando con la vida, insistiendo a las personas y manipulando situaciones… respiren hondo y profundo, sientan como el aire se expande en el pecho y “suelten…”, la mejor acción es la no-acción forzada.

Psicóloga Corina Valdano.

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