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Tenemos los dirigentes que merecemos

Por Corina Valdano

· dirigentes,sociedad,cambio

Es casi una frase popular afirmar que vivimos en un contexto de violencia social. Despotricamos porque todo va mal, aborrecemos a nuestros dirigentes y nos enojamos con quienes tenemos en frente. Todo es motivo de malestar, pensamos que la cosa cambiará cuando los de arriba dejen de robar…

Este artículo no pretende eludir la responsabilidad de quienes asumen para dirigir esta nación, claro está que es su función y obligación hacer de este país un lugar mejor. Ahora bien, es una ilusión pensar que el verdadero cambio social se reduce a la acción u omisión de quienes ocupan la dirección.

Hablamos de modo despectivo de “esta sociedad” olvidando la responsabilidad que tenemos de elegir reforzar o declinar aquello que decimos que queremos cambiar. Así como en una rueda que nunca acaba de girar, justificamos nuestros errores porque los de “arriba” son peores. Y vamos cediendo poder y negando la responsabilidad que tenemos como sociedad. Para decepción de unos cuantos, lamento recordar que la sociedad no es un concepto abstracto, es una realidad que depende de lo que cada uno haga desde su lugar.

No promuevo un ilusorio idealismo, más bien se trata de una incómoda verdad para quienes quieren seguir alimentando la hipótesis de que “estamos como estamos” por los demás… Elegimos ser víctimas de negligencias ajenas y quedarnos en la queja. O también optamos por adaptamos y conformamos, buscando sacar “tajada” bajo la filosofía barata del “sálvense quien pueda”.

krishnamurti, líder espiritual hindú afirmo una vez: “"No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma."

Ahora bien, quien no se adapta, se rebela…Rebelde es aquel que opone resistencia a una marcada tendencia. La pregunta sería… ¿Qué es rebeldes en una sociedad como la nuestra?

Ser rebeldes en una sociedad que invita a la violencia, es ser pacíficos y compasivos.

Ser rebelde en una sociedad individualista es ser altruista y pensar en la mayoría.

Ser rebelde en una sociedad corrupta es ser íntegros y honestos.

Ser rebelde en una sociedad incongruente es ser coherentes y referentes.

Hoy es héroe nacional quien devuelve un celular, quien junta un papel que otro acaba de tirar, quien asume su responsabilidad y en lugar de culpabilizar. De este modo, el cambio social que queremos materializar exige personas que se rebelen desde su mejor lugar.

La sabiduría ancestral enuncia una inobjetable verdad la “Ley de Correspondencia”:

“Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba”.

De momento, suena duro, pero tenemos los dirigentes que merecemos. La verdadera revolución pasa hoy por encarnar valores y volvernos mejores. Cuando la suma del aporte individual genere la “masa crítica” suficiente, veremos en la sociedad el cambio que hoy no dejamos de reclamar a los demás.

No me opongo al reclamo válido y pertinente hacia nuestros dirigentes, solo invito a una actitud coherente: que la exigencia social venga de la mano de una posición individual que nos dé la suficiente “autoridad” para demandar lo que primero hemos de dar. Si exigimos respeto, respetemos, si pretendemos honestidad seamos los primeros honestos. Lo mismo da robar en gran cantidad que dejar pasar lo que uno sabe que está mal: desde colgarse del cable, quedarse con un vuelto o evadir un impuesto…Dirán que no es lo mismo, diré que es lo que está a nuestro alcance. ¿Y si estaríamos “arriba”? Para reflexionar… ¿Verdad?

Tengamos presente que los valores son cualitativos, no cuantitativos. Robar es robar, mentir es faltar a la verdad. Lo mismo da si es en cantidad, cuando se trata de dignidad.

Lo más fácil y simplista es demandar “que se vayan todos”, lo más valiente y desafiante es “que no quedemos todos” y nos sintamos parte de una transformación social que nos implica como principales protagonistas.

Ser adultos emocionales es asumir responsabilidad y dejar de culpabilizar.

La psicología tradicional culpa a los padres de todos nuestros pesares del mismo modo que la sociedad paternalista culpa al padre Estado de todos nuestros malestares.

Nos justificamos por cómo somos por la infancia que tuvimos y los padres que nos tocaron. Del mismo modo repetimos este patrón infantil adjudicando que estamos cómo estamos por la historia que tuvimos como país y los gobernantes que nos gobernaron hasta aquí…

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo”.

Mahatma Gandhi.

Psicóloga Corina Valdano.

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